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viernes, 9 de abril de 2010

Los rastros de la cultura porteña en el bicentenario


En estos días, con algunos compañeros de trabajo intercambiamos algunas ideas sobre el bicentenario. En las discusiones, se puede ver claramente, como persisten, todavía, aquellas ideas de la oligarquía porteña que se adueñó de la historia de la lucha por la independencia. En parte, pareciera que esto ocurre por la dificultad de no poder separar algunas cuestiones con las iniciativas del gobierno, y por ello, la idea del reconocimiento a Juana Azurduy, es rechazada, por el solo hecho de ser una decisión de Cristina Kirchner. Por otro lado, quizás el más fuerte, es la impronta que ha dejado la escuela y todas las instituciones con influencia cultural, incluidos los medios, por supuesto, que se han encargado de transmitir una sola forma de ver la historia, en la que generalmente, las mujeres, los indios, los gauchos, los caudillos han sido dejados al margen de todo evento histórico. Los actores, son siempre gente de cuna, de formación, todos los demás no existen, resultan invisibles a los ojos de la historia oficial, y por lo tanto, de todos aquellos a los que se les enseñó a mirar desde un único ángulo.




lunes, 29 de marzo de 2010

Las verdaderas razones del olvido

En la entrada anterior, se mencionan datos históricos de la vida de Juana, aportados por distintos investigadores y publicados en libros, medios virtuales, etc., a los cuales se pueden acceder fácilmente para averiguar sobre su biografía. Lamentablemente, lo poco que se ha difundido de la Sra. Juana Azurduy de Padilla, no ha sido a través de la escuela. Nada hemos aprendido de ella allí. Ha sido uno de los grandes olvidos de la historia oficial.
En mi parecer, el olvido obedece a motivos que perduran a través del tiempo y están relacionados con su condición de mujer y su acendencia indígena. El olvido, no sólo tiene raíces históricas y culturales, incluye la xenofobia y el racismo de la oligarquía porteña, que ante de las sucesivas derrotas del ejército porteño, no estaba dispuesto a soportar la vergüenza de reconocer que gracias a la resistencia guerrillera de Juana Azurduy y su marido, con los ciento cinco caudillos indios y gauchos, junto a Güemes en Salta se impidió el avace de los realistas hacia Buenos Aires.
Las razones del olvido hay que buscarlas ahí, en las sucesivas derrotas del ejército porteño y en las infamias cometidas en sus incursiones en el norte.
Para los que dicen que Juana era Boliviana, vale una pequeña aclaración. Juana Azurduy -junto a su esposo- simbolizan lo mejor de la revolución americana, lo popular y lo indio de nuestra gesta emancipadora. Combatieron por la libertad del Alto Perú –por entonces parte del Virreinato del Río de la Plata primero y de las Provincias Unidas después. Recién en 1825, el Alto Perú no sólo se independiza de la corona española, sino que también lo hace de Buenos Aires. Se llamaría Bolívar, primero, y Bolivia, después.
La historia oficial argentina, con su fuerte rasgo conservador y militarista deja entrever el desprecio por lo indígena, lo gaucho, lo guerrillero.

BIOGRAFÍA

"Hacés muy bien en hacerle la venia. Perdió cuatro de sus cinco hijos en la guerra por la Independencia." De esta manera, la presidenta de los argentinos, la Sra. Cristina Fernández, se dirigió al presidente de Venezuela, cuando el Sr. Hugo Chavez hizo el saludo militar ante un cuadro de Juana Azurduy, en el salón blanco de la casa de gobierno, en mayo de 2009.
Juana Azurduy de Padilla (Toroca, 12 de julio de 1780 - 25 de mayo de 1862) fue una patriota guerrillera del Alto Perú (actual Bolivia), que acompañó a su esposo Manuel Ascencio Padilla en el liderazgo de la Republiqueta de La Laguna en las luchas por la emancipación en el Virreinato del Río de la Plata.

Nació en el cantón de Toroca, que hoy forma parte del municipio de Ravelo, Provincia de Chayanta, Departamento de Potosí y murió en Chuquisaca el 25 de mayo de 1862.

A la muerte de su esposo asumió la comandancia de las guerrillas que conformaban la luego denominada Republiqueta de La Laguna, por lo que es honrada su memoria en la Argentina y en Bolivia. Hablaba el castellano, quechua y aymara. Se educó en el prestigioso Convento de Santa Teresa de Chuquisaca.
El año de su nacimiento la ciudad de La Paz fue sitiada por Tupaj Katari y Bartolina Sisa, alzados en armas en apoyo a Túpac Amaru. Azurduy y su esposo Padilla se sumaron a la Revolución de Chuquisaca que el 25 de mayo de 1809 destituyó al presidente de la Real Audiencia de Charcas, en la que tuvo protagonismo Juan Antonio Álvarez de Arenales. Ligados con las expediciones enviadas desde Buenos Aires, al mando primero de Antonio González Balcarce y luego de Manuel Belgrano, combatieron a los realistas defendiendo la zona comprendida entre Chuquisaca y las selvas que mediaban hacia Santa Cruz de la Sierra. Vio morir a sus cuatro hijos y combatió embarazada de su quinta hija.

Tras la derrota del Ejército del Norte en la Batalla de Huaqui el 20 de junio de 1811, los realistas al mando de José Manuel de Goyeneche recuperaron el control del Alto Perú y las propiedades de los Padilla junto con las cosechas y sus ganados fueron confiscadas, siendo apresada Juana Azurduy y sus hijos, pero Padilla logró rescatarlos refugiándose en las alturas de Tarabuco.

En 1813 Padilla y Juana Azurduy se pusieron a las órdenes de Belgrano, nuevo jefe del Ejército Auxiliar Argentino, llegando a reclutar 10.000 milicianos. Durante la Batalla de Vilcapugio, Padilla y sus milicianos debieron transportar la artillería sin participar en el combate. Juana Azurduy organizó luego el "Batallón Leales" que participó en la Batalla de Ayohuma el 9 de noviembre de 1813, que significó el retiro de los ejércitos argentinos del Alto Perú. A partir de ese momento Padilla y sus milicianos se dedicaron a realizar acciones guerrilleras contra los realistas.

Azurduy lideró la guerrilla que atacó el cerro de Potosí, tomándolo el 8 de marzo de 1816. Debido a su actuación, tras el triunfo logrado en el Combate del Villar recibió el rango de teniente coronel por un decreto firmado por Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 13 de agosto de 1816. Tras ello, el general Belgrano le hizo entrega simbólica de su sable.[3]

El 14 de noviembre de 1816 fue herida en la Batalla de La Laguna, su marido acudió a rescatarla y en este acto fue herido de muerte.

El cambio de planes militares, que abandonó la ruta altoperuana para combatir a los realistas afincados en el Perú por vía chilena, disminuyó el apoyo logístico a la guerrilla comandada por Azurduy, que se replegó hacia el sur, uniéndose finalmente a Martín Miguel de Güemes. A la muerte de Güemes se vio reducida a la pobreza. En una carta escrita en 1830, cuando vagaba por las selvas del Chaco argentino:
"A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me presento y digo: Que para concitar la compasión de V. H. y llamar vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución.(...)Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme".

Pasó varios años en Salta solicitando al gobierno boliviano, ya independiente, sus bienes confiscados. El mariscal Antonio José de Sucre le otorgó una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares. Murió indigente el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años y fue enterrada en una fosa común.

Su restos fueron exhumados 100 años después, para ser guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.


Extraído de
http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_Azurduy

jueves, 25 de marzo de 2010

Memoria y Nunca Más


Ayer 24 de marzo de 2010, se realizaron los actos que recordaron el fatídico 24 de marzo de 1976. Es alentador que se hayan anulado todas las leyes del perdón. Es lamenteble que Duhalde pida terminar con los juicios al pasado. Sr. Duhalde, en el ámbito internacional, los crímenes de lesa humanidad no tienen preescripción. Lo suyo es muy lamentable y decadente.
Las mujeres de plaza de mayo, las abuelas y las madres, paridas por sus propios hijos, como dicen ellas, siguen en pie, dando el ejemplo de lucha que deberíamos seguir todos.
No a la venganza, sí a la justicia. Ni olvido, ni perdón. ¡Un psiquiatra por allá..!

viernes, 19 de marzo de 2010

JUANA AZURDUY


Juana Azurduy ha ganado notoriedad en los últimos años, aunque sigue siendo desconocida por la mayoría de las personas que no están vinculadas directamente con el mundo de los intelectuales. No descubrimos América, si decimos que ese relegamiento histórico obedece al hecho de ser mujer y por haber sido integrante del Ejército Auxiliar del Perú (erróneamente llamado Ejército del Norte por los historiadores ya que jamás fue denominado así) que estaba a cargo de Belgrano. Fue precisamente, el Gral. Belgrano quien, por orden de Güemes la promovió a teniente coronel
Como una justa reparación histórica, en julio del año pasado, la Sra. Presidente de la Nación, Dra. Cristina Fernández ascendió por decreto al grado de Generala a la heroína de la independencia de Bolivia y la primera mujer en ingresar al Ejército argentino, con el que luchó contra la corona española.


PRESENTACIÓN

Juana es un nombre que siempre me pareció de mucha fuerza. Es imposible pensarlo sin que se me aparezca la imagen de una mujer bella y vital. No he conocido muchas mujeres con ese nombre, aunque sí niñas, a las cuales para atenuar esa potencia que las nombra, las terminaron llamando juanitas. Casi diría, que Juana, no es un nombre con el cual se nace, es un nombre que una mujer se gana, y se lo gana, precisamente, por las ganas que de ella emanan. Así es el caso de una mujer a la cual conocí hace un tiempo, inteligente, dulce, vital, amorosa, pero tan recia y luchadora como la más brava de las perras paridas defendiendo a sus cachorros, cuando las circunstancias lo exigen.
En este blog, voy a hablar, o a escribir, casi al mismo tiempo de dos Juanas. Una, Juana Azurduy, la otra, mi Juana, que sólo ella y yo sabemos que se llama Juana.